Nouvelles

11/04/2008


Historias de Vocación

Desde la Provincia de Estados Unidos, Jesús García nos escribe una breve historia de su llamado vocacional...

Mi nombre es Jesús García soy de Totonicapán, Guatemala. Antes que nada quisiera contarles un poco acerca de mi vocación. Recuerdo que cuando tenía cinco o seis años de edad, sentía una atracción por los sacerdotes cuando los veía celebrar la Santa Eucaristía en mi pueblo. Queriendo ponerme en el lugar de ellos. Por eso les conté a mis padres que cuando yo creciera quería llegar a ser un padre o sacerdote. La respuesta de mis padres fue: ?si, llegaras a ser padre pero de familia?. Con el paso de los años seguía sintiendo el deseo, pero no le ponía mucha atención y lo fui casi olvidando.

Ahora me he podido dar cuenta de que lo que un día mencioné veo que poco a poco se está realizando. Al mismo tiempo he logrado ver las maravillosas obras que Dios ha hecho en mi vida. Y el plan muy especial que tiene preparado para mí. Porque después de haber llegado a este país, en el año 1999, tuve la oportunidad de asistir a una iglesia y desde entonces, logré sentir la necesidad de ayudar a los demás, visitando a los enfermos en sus casas, en los hospitales y manteniéndome envuelto en todo lo que se realizaba en la iglesia a la cual pertenecía. Formé parte del grupo de jóvenes, catequistas y otros más.

Me di cuenta de que el estar colaborando en la iglesia me ayudaba a sentir más la presencia de Dios y cuanto más cerca estaba de las personas y veía sus problemas, más sentía dentro de mí el dolor de esas personas y la inclinación de nuevo al sacerdocio. Además admiraba al sacerdote de mi parroquia. Él siempre estaba en todo y ayudando a todos los que lo necesitan, especialmente los pobres. Ver eso con él me motivó para poder hablarle de lo que yo sentía. Llegó un día en que le platique de lo que yo sentía y de lo que quería hacer con mi vida. Me animó y se alegró. Entonces empecé a investigar y hablar con un amigo que estaba estudiando en una orden religiosa y le pregunté cuál era el carisma de la orden. Me dio información y también me invitó a un retiro vocacional para poder conocer un poco más sobre los padres escolapios y la misión de la orden. Acepté asistir al retiro y gracias a Dios me sentí identificado con el carisma de la orden, además de eso algo que me llamo mucho la atención es que viven la pobreza, castidad, obediencia y la educación.

Después del retiro concluí que Dios quiere algo de mí por eso hace casi dos años decidí entregar mi vida a Dios mediante un proceso de formación para llegar a ser sacerdote. No sé si lo lograré; espero que se haga la voluntad de Dios en mi vida porque hasta el día de hoy no me he arrepentido de haber dejado todo y más ahora que me siento más cerca de Dios en mi discernimiento diario y en el caminar de mi vida. Ahora me siento muy contento. Mi apostolado en la catequesis todos los sábados me llena de alegría y de esperanza que algún día realizaré lo que Dios quiere de mí: ser sacerdote.